sábado, 4 de febrero de 2012

La causa de Dios - Capítulo 03: El desconocido

El suave tacto de las sábanas de seda acarició la piel de Iván al despertar. Abrió los ojos y no reconoció el lugar. Desde su posición sólo alcanzaba a ver la pared y la ventana, a través de la cual entraban los primeros rayos de sol y podían verse los tonos rosados del cielo al amanecer. Su cuerpo estaba entumecido y no sabía cuántas horas había dormido.

Le costó trabajo girarse y cuando lo hizo encontró que no estaba sólo. Otro hombre de cabello corto y negro y anchos hombros compartía el lecho de espaldas a él. Sintió un vuelco en el estómago y su pulso se aceleró.

Intentó recordar qué había pasado la noche anterior pero lo último que recordaba es que llegó a casa furioso, mojado y sudoroso después de huir de la policía en el puente del cementerio. Estaba furioso por no tener el valor de poner fin a la angustia que sentía desde la muerte de Carlos. Estaba furioso por el cáncer que crecía en su cerebro. Estaba furioso porque no era dueño de su destino. Pero, sobre todo, estaba furioso porque no quería ceder al impulso que sentía de compadecerse de sí mismo. Recordó haberse quitado la ropa y meterse en la ducha, se sentó en el suelo y lloró hasta que probablemente el cansancio hizo que se durmiera.

Pero ahora Iván no había despertado en la ducha de su casa, sino en una habitación extraña con un desconocido. Un temor se apoderó de repente de él al recordar a Carlos cubierto de sangre en la cama a su lado. La idea de que este desconocido también estuviera muerto le sobresaltó.

Lentamente se levantó de la cama y descubrió que no llevaba absolutamente nada puesto. Dio la vuelta para verle la cara y comprobó que, afortunadamente, respiraba despacio, con la frecuencia propia de alguien que está profundamente dormido. La sábana sólo le cubría el cuerpo parcialmente y dejaba entrever un cuerpo musculoso, definido y sin ropa. Su rostro era bastante atractivo, con labios carnosos, mandíbula masculina, cejas gruesas y barba de tres días.

Iván apartó la mirada y la dirigió a la mesita. La funda abierta de un condón confirmó lo sucedido. Buscó la ropa por todos lados y sólo entonces se dio cuenta que la habitación en realidad era la suite de un hotel.

Buscó su ropa silenciosamente para no despertar a su acompañante, mientras intentaba recordar cómo había llegado allí. No parecía que hubiera bebido lo suficiente para no acordarse. No tenía resaca. Se preguntó si el cáncer estaba empezando a afectarle a la memoria y, si era así, si el oncólogo había sido incluso demasiado optimista al estimar cuatro meses de vida.

La ropa ya sólo podía estar en el cuarto de baño. Al dirigirse allí pasó junto a una mesa donde había un portátil abierto pero con la pantalla apagada. Al mover el ratón, el ordenador se reactivó mostrando un sitio de contactos donde parecía que su acompañante había estado chateando con el seudónimo amoratres1980. Una de las ventanas abiertas mostraba una conversación con otro usuario llamado ABctivo29 en la que se describían físicamente y programaban el encuentro. Una de las fotos intercambiadas mostraba a un hombre de su edad en ropa interior y en la que se entreveía una generosa erección. En ese momento un ruido a su izquierda le sobresaltó. Al girarse vio salir del cuarto de baño al hombre de la foto llevando puesto únicamente unos guantes de látex. En las manos sujetaba una jeringa con la aguja hacia arriba presionando el émbolo para extraer el aire. Su mirada cambió de expresión cuando dejó de mirar la jeringa y vio a Iván frente al ordenador. En ese momento la intuición de Iván le pidió a gritos que huyera de allí. Sin pensárselo, éste salió por la puerta de la habitación, que estaba a continuación de la mesa, antes de que el segundo desconocido tuviera tiempo de impedírselo. Iván corrió por el pasillo del hotel todo lo rápido que pudo oyendo la pisadas que le seguían a poca distancia. Cuando giró por el segundo codo del largo pasillo se dio cuenta de que ya no oía a nadie siguiéndole y volvió la cabeza. El pasillo estaba vacío. Al frente el pasillo terminaba en el recibidor del hotel, donde un gran reloj de pared marcaba las 7:00. Sólo entonces Iván se dio cuenta de que seguía completamente desnudo y que había dejado a un hombre indefenso a solas con él.


Tras vacilar un instante sobre qué hacer, salió al recibidor para pedir ayuda.


- Por favor, necesito ayuda, un hombre perturbado ha entrado en mi habitación con una jeringa y mi acompañante está a solas con él.

- Disculpe no le he entendido -contestó el encargado, un hombre mayor con cara de sueño y poco interés por lo que le decían, sin levantar la vista de sus tareas tras el mostrador.

- Le digo que hay un hombre con una jeringa que ha intentado atacarme...

- Por favor, si se tranquiliza... no entiendo lo que dice... - el encargado levantó la vista y enarcó las cejas en un gesto de alguien que creía haberlo visto ya todo.

- Le digo que coja el puto teléfono y llame a seguridad. Hay un hombre en peligro en la habitación al final de aquel pasillo. ¡Ostia puta, que es una emergencia, joder!


De mala gana, el encargado accedió a llamar a seguridad mientras Iván cogía un cuchillo abrecartas de detrás del mostrador y salía corriendo de vuelta a la habitación.

Al llegar allí, la puerta estaba completamente abierta y dentro estaba el desconocido tumbado en la cama con una jeringa vacía clavada en el codo y una goma elástica desatada a la altura de la axila. Iván sacó la jeringa e intentó despertarlo dándole unos golpes en la mejilla sin resultado alguno. A continuación, descolgó el teléfono de la habitación, marcó el número de recepción y pidió que llamaran a una ambulancia mientras el cuerpo empezaba a convulsionar.


Iván buscó en la habitación pero no encontró a nadie más. En el cuarto de baño comprobó que la ventana estaba abierta y a través de ella vio que se encontraba a escasa altura de la calle. Buscó el portátil que había en la mesa pero ya no estaba. Todo presagiaba problemas cuando llegara la policía.


Iván se sentó a esperar con impotencia junto al desconocido mientras las convulsiones eran cada vez más fuertes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Antes de dejar tu comentario, recuerda ser educado y revisar la ortografía. Gracias por colaborar.